La piedra en la Arquitectura Popular (I)
La piedra en la Arquitectura Popular (II) (Nuevo)
Estructuras sustentantes
El Pazo gallego
El Pazo Gallego
Palabra de origen probablemente latino - "palatium" -, aunque su uso no se generaliza hasta los siglos XVIII y XIX, su origen se remonta a los comienzos del S XIV. El pazo es la vivienda rural señorial del noroeste.
Fusión de múltiples estilos es heredero de las villas romanas, la arquitectura palaciega, monástica y campesina medieval e incluso de las villas renacentistas italianas. En un principio, el pazo surge como fortaleza, como así lo atestiguan las torres que aún perduran en algunos de ellos.
Como casa señorial ubicada fuera del medio urbano destaca principalmente por sus dimensiones, adaptadas a las funciones agrícolas, y su austeridad.
El pazo se
ubica dentro de fincas, la mayoría de las veces delimitadas, que
subrayan su integración con el territorio que lo rodea.
La construcción pacega posee construcciones auxiliares que pueden aparecer integradas en la estructura
principal Pazo de San Xerome
o aislada de ésta.
Dependencias auxiliares del pazo son:
Alpendres (cobertizos), hórreos y desvanes donde se almacena el ganado o la producción agrícola.
El palomar que raramente aparece unido a la vivienda y se sitúa lejos de la misma.
La capilla que recalca la importancia que al hecho religioso dan sus propietarios.
El saber popular ya describe de forma cierta qué es un pazo a través del dicho: "Capilla, palomar y ciprés pazo es."
Con el paso del tiempo se abandona su uso para labores agrícolas y ganaderas, provocado por el decaimiento del sistema de mayorazgo. Así pues, la edificación pasa a ser básicamente de tipo residencial a partir del siglo XIX.
Características constructivas
El conjunto generalmente está formado por un gran cuerpo principal de planta rectangular construido sobre gruesos muros de fábrica conformados por sillares de granito. Su espesor suele aproximar al metro y están organizados en dos crujías con sus muros de traviesa. Suelen tener dos plantas, una interior destinada a almacenes, graneros, establos y dependencias. La planta superior se reserva como vivienda para los señores.
Las estancias son amplias, con crujías [ espacio comprendido entre dos muros de carga ] de seis o siete metros de luz, forjadas con envigados de castaño, entablados por encima con el mismo tipo de madera.
Las fachadas se presentan simples, con alternancia de huecos y macizos (predominando estos últimos). Los huecos son generalmente alargados en vertical, con carpintería de hojas acristaladas y sólidas contraventanas que forman los fraileros interiores. En la fachada principal se suele situar el blasón o escudo familiar.
En las fachadas orientadas al sur y al este se abren a veces en la planta baja soportales. En las plantas superiores aparecen a su vez solanas o galerías (frecuentemente acristaladas con machones o columnas de granito. En el salón principal se abren balcones con el vuelo de sus mismas repisas formado por ménsulas voladas de granito con perfiles muy sencillos. Las barandillas suelen ser de hierro forjado.
La cubierta es frecuentemente a cuatro aguas, resolviéndose en el cuerpo principal, al que acometen los secundarios. Los aleros son de escaso vuelo, apoyados sobre canes de piedra o formados por molduras de perfiles sencillos sobre los que asoman las telas.
El conjunto aparece rodeado de vegetación consolidada.
Historia. Los pazos y sus señores.
La nobleza que se asienta en el medio rural gallego a lo largo del siglo XVI, conocida como hidalguía , toma como residencia el pazo. Esta nobleza está compuesta por grupos tan diferentes como la mediana y la alta nobleza, los nobles de título o los antiguos vasallos de casas feudales que, una vez independizados, deseaban dar lustre a sus apellidos.
Estos nobles ponían de manifiesto su poder socioeconómico a través de la explotación y disfrute de las rentas de la tierra abandonando el modo de vida belicoso de antaño y adaptándose al nuevo marco político instituido por los Reyes Católicos.
Aun así, se siguen manteniendo en muchas ocasiones las torres defensivas que constituirán el núcleo central de la construcción sobre el que se irán agregando nuevas estructuras y edificaciones anexas destacando muchas de ellas por su ambición estética y funcional.

Pazo de Lourizán (Siglo XV)
Términos como "casa grande" y "pousa" se utilizan también en esta época para denominar construcciones similares a los pazos pero de tipología más rústica. A lo largo de los siglos XVII y XVIII toman mayor protagonismo los elementos de distinción que afirman ante los campesinos la condición de nobleza, linaje y antigüedad de sus moradores y dueños.
Esta es la fase de mayor apogeo de los pazos y en la que el barroco se hace presente en su arquitectura a través de maestros influenciados por el modelo de las villas italianas. A finales del siglo XVIII existe una generalización del uso del término "quinta" para referirse a los pazos debido a que su estructura pasa a tener rasgos comunes con las residencias de la pequeña y mediana nobleza europea.
Durante el siglo XIX se abandona en cierto modo la "arquitectura del pazo" ya que la residencia de la nobleza en el campo toma características de la arquitectura pintoresca, ecléctica y modernista alejadas del estilo arquitectónico pacego.
Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XX se retorna a la arquitectura del pazo con un gusto por los remates torreados y el repertorio decorativo del modernismo. Son los emigrantes retornados de las colonias los que además unen aspectos autóctonos y coloniales con vistas a imitar e incluso superar en ambición y suntuosidad aquellas moradas que nacieron en época medieval.
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